Los protagonistas son figuras geométricas, la mayoría de ellas círculos y un pequeño cuadrado al que le gusta jugar con su grupo de amigos “redonditos”. Juegan y comparten felices, hasta que llega la hora de regresar a la casa grande.
En este punto aparece un problema que da lugar a la historia del libro. “Cuadradito” no puede entrar porque la puerta de la casa es redonda. El pequeño cuadrado prueba diferentes maneras para conseguir entrar; se estira, se tuerce, se dobla…pero nada funciona.
Sus amigos desde dentro de la casa le animan: “Sé redondo”. El pequeño cuadrado lo intenta con todas sus fuerzas pero no lo consigue. Sus compañeros continúan instándole: “Te lo tienes que creer”. “Cuadradito” se repite a sí mismo como visualizando “soy redondo, soy redondo..” pero el ejercicio no da resultado.
En su empeño por lograr que su amigo entre con ellos, los “Redonditos” proponen incluso recortar las esquinas a “Cuadradito” con una sierra pero el pequeño cuadrado no se deja asustado por el dolor que le supondría.
Finalmente y después de mucho debatir, los pequeños círculos llegan a la conclusión que el problema no está en su amigo cuadrado sino en la puerta. Así, le recortan a la puerta “cuatro esquinitas de nada” que harán posible que “Cuadradito” pueda entrar junto a todos los demás a la casa grande
Por cuatro esquinitas de nada es una historia que habla de aceptación, de superación y de autoestima. Sin caer en sermones moralizadores nos invita a la reflexión desde el inicio de manera muy sutil. El autor nos brinda una simple y preciosa metáfora sobre cómo deberían realizarse los cambios necesarios para la inclusión de los que son distintos en nuestra sociedad.
